‘Gran Hermano 15′ me perdió por el camino

Por Álvaro Onieva a 18 de diciembre de 2014 • Sin comentarios

gran hermano 15Mi relación con ‘Gran Hermano’ a lo largo de los años ha sido irregular. Las primeras ediciones las viví con auténtico fervor y seguí al pie del cañón con este formato de telerrealidad hasta su sexta edición, empezando a descolgarme en la séptima. Las siguientes ediciones las viví con intermitencia, no viendo absolutamente nada de algunas cuyos castings no despertaban interés en mí, además de haberme cansado del formato. Pero en la edición número 13, esa que se empeñaron en llamar 12+1, retomé el contacto con la vida en directo. Por supuesto, la pasión con la que viví la injusta derrota de Ania Iglesias no volvió, esa la tienen otros realities como ‘Survivor’, pero sí me dejé caer entre los nuevos habitantes de Guadalix y, después del descanso del formato, tomé con ganas su edición actual: ‘Gran Hermano 15′.

Con un principio a medio fuelle y un tramo medio más que interesante, el presente ‘Gran Hermano 15′ ha tenido muchos altibajos (más bajos que altos) que han hecho que me desenganche de él desde bastantes semanas antes de su cierre, que tiene lugar hoy.

Para empezar, la idea del casting por parejas no ha funcionado ya que ha llevado a la casa perfiles de concursantes clónicos. No necesitábamos dos primos surferos ni dos señoras andaluzas, con uno de cada bastaba, o tampoco dos primas muy similares. Las parejas formadas sin conexión (Paco-Shaima, Azahara-Hugo) ofrecían más diversidad a priori, si bien los dos últimos han resultado ser dos sosos con nada que aportar.

O eso hemos visto, porque la sombra del #TimoGH15 ha estado presente buena parte de la edición. Recordemos: el montaje, siempre susceptible de manipulación, ha sido muy descarado a la hora de favorecer a algunos personajes sobre otros. Bueno, digámoslo claro, a Paula. Ésta ha sido la edición de Paula porque ‘Gran Hermano 15′ lo ha querido, la he victimizado y casi beatificado, y nos ha vendido una moto que yo no acepté comprar. No volví a apretar el 5 en mi mando ni un jueves más.

Pero mi fin con ‘Gran Hermano 15′ no vino sólo por el paulismo, más bien fue consecuencia del hartazgo que me causaba un programa con poco contenido que ofrecer y ningún personaje de interés. Nuevamente, error de casting. Las tramas se han acabado y Telecinco ha hecho bien en bajar el telón a tiempo, convirtiendo ésta en la segunda edición más corta de Gran Hermano (sólo superada por la primera).

No obstante, el seguimiento del público ha sido positivo y, aunque ya no sea un programa que rompa audímetros, en Telecinco pueden estar más que contentos. Porque éste año no sólo ha mejorado los datos de la temporada anterior y la gala de los jueves ha resistido los envites de ‘Águila Roja’ y aplastado a ‘Tu cara me suena mini’; lo realmente remarcable es que han llenado dos noches con el precio de una. ‘El Debate de Gran Hermano’ les ha asegurado un correcto 14% los domingos, con un contenido que antaño era carne de late night, siendo registros similares a los que venía haciendo la cadena con episodios nuevos de ‘Aída’ y a un precio ínfimo en comparación.

Ahora, con el overbooking de formatos de telerrealidad que hay en Mediaset (‘La Voz’, ‘La Voz Kids’, ‘Supervivientes’, ¿’Acorralados’ y ‘Campamento de verano’?) le toca descansar al formato ‘Gran Hermano’, no sin antes dejarnos con su bastardo: ‘Gran Hermano VIP’. Para la próxima edición, deben hilar más fino para construir un elenco de caras nuevas potentes, desterrar la idea de las parejas y reflexionar sobre cómo trabajar el montaje de contenidos.

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