‘UnREAL’: la mejor serie del verano

Por Álvaro Onieva a 6 de agosto de 2015 • Sin comentarios

unrealMientras HBO ha errado el tiro este verano con la segunda temporada de ‘True Detective’ y con las olvidables ‘The Brink’ y ‘Ballers’, ha sido una cadena tan subestimada como Lifetime quien nos ha traído la joya del verano. ‘UnREAL’ no sólo es adictiva, también es estimulante, y hace un retrato sobre las tripas de la telerrealidad que ya hubiese querido Sorkin para sí en su trilogía de series metatelevisivas. Sarah Gertrude Shapiro, lesbiana y feminista que trabajó hace años en ‘The Bachelor’, tiene algo bueno que contar.

No hay aquí walk and talk (bueno, en realidad alguno sí) con petulantes peroratas llenas de moralina, pero sí una serie que lleva todo al extremo sin perder de vista la honestidad. Porque si algo ha sido siempre Lifetime es honesta con lo que hace. Ya sea una serie de brujas, de chachas latinas o poniendo a Jennifer Love Hewitt a hacer masajes con final feliz, la cadena siempre ha sabido quién es y hacia a quién apunta. ‘The Client List’ era una serie diez para su público. Su público eran las marujas estadounidenses, aclaro. Por eso nadie daba un duro por ‘UnREAL’, un nuevo culebrón que tenía todas las papeletas de quedarse en un divertimento mamarracho para el verano. O un guilty pleasure, como les gusta llamarlo a algunos. No es nada de eso. Es una serie que puede (y debería) medirse con los mejores estrenos del año.

Su falta de pretensiones hará a unos espectadores ver en ‘UnREAL’ una gran obra sin florituras, pero para otros actuará como venda que impida darse cuenta de lo que tienen delante. No hay planos secuencia ni Scorseses que apadrinen el piloto, pero no hacen falta. La premisa es suficientemente potente para darle una oportunidad: ‘UnREAL’ cuenta los entresijos de un reality show llamado Everlasting, a imagen y semejanza de ‘The Bachelor’, mostrando toda la sordidez que hay detrás de las cámaras para crear “buena televisión”. Cada vez que Quinn, la productora ejecutiva de Everlasting usa ese “buena televisión” se te revuelven las tripas.

Podría haberse quedado ‘UnREAL’ en un retrato frívolo sobre la obscenidad de Hollywood, como lo fue en su día la menospreciada ‘Dirt’ de Courteney Cox, pero va más allá. La suciedad tras las cámaras, donde los productores televisivos son capaces de manipular, presionar y tratar como títeres a los participantes del programa, no es la única reivindicación de la serie. A través del personaje de Quinn también nos hablan del machismo en el entorno laboral. Quinn es, tristemente, el reflejo de esas mujeres que han llegado alto con mucho esfuerzo y que, en lugar de facilitar el ascenso a otras mujeres, les cierran las puertas como si ya no hubiese cupo para otras mujeres con poder. A su vez, Quinn anhela estar al mismo nivel que Chet, pero el machismo de la industria se interpone en su camino a pesar de tener más talento.

Chet, como otros secundarios de la serie, están ahí para enriquecerla con personajes bien armados, a excepción quizás de dos: cada aparición de Jeremy (el cámara) y Lizzie (su chica) nos aburren soberanamente, aunque sirvan para resaltar, por contraste, el hijoputismo de Rachel. Pero luego tenemos ese maravilloso elenco de concursantes de Everlasting, desde la bitch de manual destinada a ser la villana de la temporada hasta la madre más mayor que el resto, la chica feíta de pueblo cristiano, la negra chunga, la princesita o la hot latina. Pero ninguna se queda sólo en el cliché y nos da un algo más. Casi todas ellas tienen su momento de lucimiento y de lucidez (¿quién no se ha enamorado de Faith?), y todas las tramas aportan algo.

Pero quienes brillan por encima de todo son las dos protagonistas de la serie. En una época en la que nos movemos entre héroes sin dobleces y antihéroes que repiten las fórmulas de House y Dexter sin disimulo (hola, ‘Mr. Robot’), la llegada de personajes que se revelen como auténticos, llenos de mierda pero reales, es refrescante. Luchamos durante toda la serie contra nuestro instinto que nos anima a creer que la protagonista, Rachel, debe ser en el fondo buena por el simple hecho de ser eso, protagonista. Pero los hechos nos revelan lo contrario, es ponzoñosa hasta decir basta, por consciente que sea de que su trabajo es una mover la mierda humana y que es experta en hacerlo.

Aún no he decidido si quiero todos los premios del mundo para Constance Zimmer o para Shiri Appleby. Confieso que soy un poco más #teamQuinn, pero es que el dibujo que Appleby hace de Rachel es soberbio también.

Es increíble cómo la serie consigue mostrar personajes altamente repulsivos pero mantenernos conectados a ellos, sentirlos como reales y querer seguir viendo qué pasa con ellos. No hay moralina (y mira que el tema daría para caer en ella) pero tampoco es todo tan atroz como para que tengamos que dejar de verlo.

Y lo mejor de todo es que no hay un segundo para el aburrimiento. Si los primeros episodios ya son entretenidos, el giro del sexto te deja con la boca abierta, dándonos un séptimo episodio que es oro televisivo y una gran recta final. El episodio final es de infarto: revienta, para y te explota en la cara. Y aún quedan diez minutos más de episodio llenos de giros impredecibles. Maravilloso. Un must seriéfilo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>